Va a ganar...

19 de Abril del 2018

Federico Reyes Heroles
 
Va a ganar —hoy es lo más probable— por su larguísima campaña de más de una década, va a ganar por ser un pionero de los neopopulismos, va a ganar porque caricaturizar la política es muy popular. Va a ganar por su estrategia de años de intriga en redes sociales incitando al enojo, a la ira, al desconcierto, a las creencias falsas, en terreno muy fértil. Pero también va a ganar por la cómoda asepsia de los empresarios 
La postura pareciera muy congruente: los capitanes de empresa no deben de hacer política. Ellos están allí para velar por los negocios, ésa es su prioridad. Suena muy bien, muy profesional. Pero es un garlito, totalmente anacrónico y, en cierto grado, hipócrita. Las empresas se desarrollan en un entorno social y político. Ser empresario en sí mismo es un posicionamiento frente al mundo: se pugna por la creación de riqueza, se cree en la productividad, se cree en los mercados, se defienden las garantías patrimoniales, etcétera. Un verdadero ideario empresarial es una visión de la vida, de la persona, del mundo, de la sociedad. Va un gran ejemplo.
 

1.- Reconocer el mérito de los demás; 2.- Controlar el temperamento; 3.- Nunca hacer burla; 4.- Ser cortés; 5.- Ser tolerante; 6.- Ser puntual; 7.- Si uno es vanidoso, hay que ocultarlo; 8.- No alterar la verdad; 9-. Dejar que los demás se explayen. 10.- Expresarse concisamente; 11.- Depurar el vocabulario; 12.- Asegurarse de disfrutar el trabajo; 13.- Reconocer el enorme valor del trabajador manual; 14.- Pensar en el interés del negocio más que en el propio; 15.- Análisis por encima de la inspiración o la intuición; 16.- Dedicación al trabajo; 17.- Ser modesto. Fin del ideario. Si la mitad de los empresarios mexicanos siguieran la mitad de los principios de don Eugenio Garza Sada, este país sería muy distinto.

Tomemos sólo algunos puntos. Las falsedades atentan contra la ética empresarial. Si un empresario comprometido descubre falsedades debería gritar voz en cuello: eso es falso. Por ejemplo: “Congelaré el precio de las gasolinas”. Eso es imposible, lo imposible es falso, altera la verdad, es contrario al punto 8. Cancelar el NAICM afectará miles de negocios y cancelará cientos de miles de empleos. Si hoy cómodamente no lo denuncian, están pensando sólo en ellos, no en los trabajadores, no en su bienestar, tampoco en el futuro de los necesarios negocios. Permitir el bombardeo verbal de sandeces económicas (echar atrás la Reforma Energética) o sociales (revertir la Educativa) y guardar reverencial silencio violenta el principio de análisis por encima de la inspiración o intuición, punto 15.

Los empresarios están, de hecho —y deben estarlo públicamente—, involucrados en el quehacer político. Deben apoyar las políticas públicas que favorezcan sus negocios y a sus accionistas, deben oponerse a aquellas que los perjudican, deben ser señales de alarma y activistas frente a sus accionistas. Su principal misión —generar empleo y bienestar— obliga a la participación, no hacerlo es estar en falta. No se trata de inducir al voto o condicionarlo —se convertirían en delincuentes electorales—, tampoco de trabajar subrepticiamente en favor de un partido. Pero como personas y líderes están obligados a deslindarse de las falsedades. Si el presidente de un consejo de administración ve venir una estampida de búfalos que lo van a arroyar a él y a sus accionistas, tiene la obligación no sólo de informar públicamente sino de tomar todas las precauciones para evitar el daño a la empresa, a sus accionistas, a los trabajadores y a sus familias. Callar sobre las amenazas es complicidad. Por fortuna, hay otras reacciones.

Uno de los grandes capitanes de nuestro país —Alberto Baillères— decidió apoyar la Reforma Educativa. Lo hizo convencido de que esta medida, al elevar la productividad, a la larga, generará mejores niveles de vida. Su apoyo y posicionamiento fue algo muy claro: elaboró un video explicando a sus trabajadores —miles, ¿decenas de miles?— en qué consistía la Reforma Educativa y por qué traerá beneficios a México. ¿Violó algún precepto? ¿Incurrió en alguna posición partidaria? No, simplemente, frente a las olas de desinformación provocadas por los opositores, salió a atajar la amenaza con información. Cumplió su deber. No ganó un peso más. Defendió lo que cree mejor para su país y, por ende, para sus empresas. Un caso excepcional.

Allí viene la locomotora. Sus silbidos anuncian mayoría legislativa: México en manos de un solo hombre. Los destrozos están anunciados. Pero el 60% del electorado que se opone a ese proyecto se pasma ahogado en miedo y egoísmo. Los empresarios debieran ser mano. Statoil —los noruegos— da el ejemplo: pide certeza para invertir. Qué contraste. Los de aquí —en silencio—, divididos, sin unirse, ceden la plaza.

No hay negocio próspero y estable en un país devastado. Va a ganar... salvo que.